lunes, 9 de agosto de 2010

el misterio de Tunguska



En la mañana del 30 de junio de 1908 una gran bola de fuego asoló la región siberiana de Tunguska, el cual fue un acontecimiento tan excepcional que suscitó una controversia que todavía prosigue.

Las explicaciones al respecto entran en el reino de lo extraño, incluida la notable hipótesis según la cual el fenómeno fue causado nada menos que por un aterrizaje de emergencia de una nave espacial movida por energía nuclear, tal vez de origen extraterrestre.

Recreación de la que pudo pasar en Tunguska.

Las explicaciones al respecto entran en el reino de lo extraño, incluida la notable hipótesis según la cual el fenómeno fue causado nada menos que por un aterrizaje de emergencia de una nave espacial movida por energía nuclear, tal vez de origen extraterrestre.

La zona en la que cayó el objeto, en el valle del río Tunguska Pedregoso, estaba escasamente poblada por los tunguses, pueblo nómada de origen mongol dedicado al pastoreo de renos. Cerca del centro de la explosión, al norte de Vanavara, varios tunguses fueron lanzados al aire por la explosión, y sus tiendas fueron arrebatadas por un viento violentísimo. A su alrededor, el bosque empezó a arder.

Cuando los asombrados tunguses inspeccionaron cautelosamente el lugar de la explosión, encontraron escenas de terrible devastación. En un circulo de 30 kilómetros, los árboles habían sido derribados como cerillas de madera y el calor intenso producido por la explosión había fundido objetos metálicos, destruido almacenes y reducido varios renos a cenizas.

No quedaba en aquella zona ningún animal vivo, pero, milagrosamente, ningún ser humano murió a consecuencias del desastre. Se dijo también que había caído en aquellos lugares una misteriosa "lluvia negra". Los efectos de la explosión de Tunguska fueron vistos y sentidos en un radio de más de mil kilómetros, incluso se dice que en el resplandor de la explosión se pudo observar desde la ciudad de Londres.



Fotografía aérea de la zona. Los árboles caídos indican el sentido de la onda expansiva.

Informes procedentes del distrito de Kansk, a 600 kilómetros del punto en que se produjo el estallido, describieron sucesos tales como barqueros precipitados al agua y caballos derribados por la onda expansiva, mientras las casas temblaban y los objetos de loza se rompían en sus estantes. El conductor del Transiberiano detuvo su tren temiendo un descarrilamiento, al notar que vibraban los vagones y los rieles.

Otros efectos fueron percibidos en lugares muy distantes del globo, pero su causa permaneció ignorada durante largo tiempo, ya que la noticia de la bola de fuego y de su explosión no llegó a oídos del gran público hasta pasados varios años. En toda Europa se registraron ondas sísmicas parecidas a las de un terremoto, así como diversos trastornos en el campo magnético terrestre. Más tarde, los meteorólogos hallaron en los registros de sus microbarógrafos que las ondas atmosféricas producidas por la detonación habían dado dos veces la vuelta a la Tierra.

En gran parte de Europa y Asia occidental la noche quedó extrañamente iluminada después de la caída de la bola. Informes procedentes de estos lugares hablan de noches cien veces más luminosas de lo normal, y de unas tonalidades carmesíes en el cielo, semejantes al resplandor de un incendio, hacia el norte. Estas extrañas luces no titilaban ni formaban arcos, como ocurre con las auroras boreales; eran semejantes a las que se produjeron tras la explosión del volcán Krakatoa, que inyectó inmensas nubes de polvo en la atmósfera.



Cuando tuvo lugar el fenómeno de Tunguska, en Rusia se iniciaba un periodo de grandes inquietudes políticas, y la prensa nacional no dio ningún relieve a lo que se consideró como un hecho sin importancia en un lugar remoto del imperio. A pesar de la naturaleza excepcional del suceso de Tunguska, las noticias sobre el mismo permanecieron enterradas en las redacciones de los diarios locales siberianos hasta 13 años después, cuando recibió noticias de lo sucedido el minerólogo soviético Leonid Kulik. Después de contemplar la zona de la explosión desde un risco, Kulik escribió:

"Desde nuestro punto de observación no se ven señales de bosque, ya que todo ha sido devastado e incendiado, y alrededor del borde de esta zona muerta la joven vegetación forestal de los últimos veinte años ha avanzado impetuosamente, en busca de luz solar y de vida. Se experimenta una extraña sensación al contemplar estos árboles gigantescos, de 50 a 75 centímetros de diámetro, quebrados como si fuesen ramitas, y sus copas proyectadas a muchos metros de distancia en dirección sur".

Según la teoría más popular, un cometa se asemeja a una especie de bola de nieve formada por gas y polvo helados. Los cometas antiguos pierden el gas hasta convertirse simplemente en unas "bolsas" de rocas de baja densidad. Semejante objeto bien puede convertirse en una bola ardiente a causa de la fricción que experimenta al penetrar a gran velocidad en la atmósfera terrestre, hasta disgregarse mediante una explosión cuando la fuerza de esta acción de frenado supera su propia cohesión.

La explosión en pleno aire de este objeto explicaría la ausencia de cráter y de fragmentos meteóricos en Tunguska. Sin embargo, los críticos de la teoría del cometa argumentan que, antes de la explosión de Tunguska, nadie había detectado cometa alguno en el firmamento.

Hubo incluso rumores de radiaciones mortíferas en el lugar. Uno de los personajes del cuento de Alexander Kazantsev habla de un hombre que, poco después de examinar la zona devastada de Tunguska, murió entre terribles dolores, como si lo consumiera un fuego invisible. "Sólo podía tratarse de radiactividad", explica el personaje de la obra.

En realidad, no existe ningún informe según el cual alguien muriese a consecuencia de la explosión de Tunguska, pero los tunguses explicaron que los renos de aquella zona presentaron costras en su piel, cosa que ciertos escritores modernos, como Baxter, han atribuido a quemaduras causadas por radiación.

Hoy día, aún sigue siendo un misterio...

martes, 3 de agosto de 2010

Violentos terremotos espaciales sacuden el campo magnético de la Tierra


Como terremotos en el espacio, los conocidos como espaciomotos son temblores en el campo magnético de la Tierra provocados por el plasma que
vuela desde el Sol y que podrían ayudar a generar las coloridas auroras que bailan en la atmósfera, según sugiere un nuevo estudio.

Aunque se sienten con más fuerza en la órbita de la Tierra, estos movimientos pueden también llegar hasta la propia superficie terrestre.

“Las reverberaciones magnéticas se han detectado en estaciones terrestres de todo el globo, de forma muy similar a como los detectores
sísmicos miden un gran terremoto”, dice Vassilis Angelopoulos de UCLA, investigador principal de la nave THEMIS de la NASA.

Y estos movimientos pueden pegar fuerte.

“La energía total de un espaciomoto puede rivalizar con un terremoto de magnitud 5 o 6?, de acuerdo con Evgeny Panov del Instituto de
Investigación Espacial de Austria. Panov es el primer autor de un artículo que informa de los resultados de un estudio sobre espaciomotos en
el ejemplar de abril de la revista Geophysical Research Letters.

Los espaciomotos no son los únicos temblores no terrestres que hay cerca. Los científicos han descubierto los ‘estelarmotos’ (violentas
sacudidas dentro de las estrellas), ‘selenemotos’ y ‘asteromotos’ (temblores sísmicos en la superficie de la luna y asteroides,
respectivamente). De hecho, la Tierra puede en realidad estimular los terremotos en asteroides cuando las rocas espaciales vuelan demasiado
cerca de nuestro planeta.

En 2007, THEMIS descubrió los precursores de los espaciomotos. La acción se inicia en la cola magnética de la Tierra, que se estira como una
manga de viento debido al viento solar que sopla a millones de kilómetros por hora. A veces la cola se estira tanto y carga tanta tensión,
que chasquea como una banda de goma demasiado tensa.

El plasma del viento solar atrapado en la cola sale disparado hacia la Tierra. En más de una ocasión, las cinco naves de THEMIS estaban en la
línea de fuego de estos “chorros de plasma”. Claramente, los chorros iban a impactar con la Tierra. Pero, ¿qué sucedería entonces? La
flotilla se movió más cerca del planeta para descubrirlo.

“Ahora lo sabemos”, dice el científico del proyecto THEMIS David Sibeck del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt,
Maryland. “Los chorros de plasma disparan los espaciomotos”.

De acuerdo con THEMIS, los chorros impactan en el campo geomagnético a unos 30.000 kilómetros sobre el ecuador de la Tierra. El impacto
inicia un proceso de rebote, en el cual el plasma entrante rebota arriba y abajo en el reverberante campo magnético, de forma similar a como
una pelota de tenis rebota en un suelo alfombrado. El primer rebote es grande, seguido por rebotes con cada vez menos amplitud conforme la
energía se disipa en la alfombra.

“Hemos sospechado desde hace mucho tiempo que estaba pasando algo como esto”, dice Sibeck. “Observando in situ el proceso, no obstante,
THEMIS ha descubierto algo nuevo y sorprendente”.

La sorpresa son los vórtices de plasma, enormes remolinos de gas magnetizado tan anchos como la propia Tierra, que giran en el borde del
campo magnético.

Las colas de estos vórtices se cree que hacen de embudo a partículas hacia la atmósfera terrestre, disparando las coloridas auroras que
danzan en los cielos nocturnos.